Camino de Santiago: desaparecido y recuperado

Allá por el siglos XVI, el Camino de Santiago era un hervidero de devotos. Sin embargo, sólo un siglo después, el hervidero se convirtió en un goteo… que, finalmente, acabó por secarse. El Camino de Santiago acabó cayendo el olvido. Nadie (o casi nadie) volvió a recorrer la ruta jacobea hasta que, en la década de los año 50, el padre Valiña se propuso revitalizar la ruta.

Lo primero que hizo el religioso fue rehabilitar algunas de las localizaciones más emblemáticas del Camino. Luego, armándose de paciencia, señalizó el Camino desde Los Pirineos a Santiago de Compostela. Por último, para poner la guinda a su obra, publicó la primera guía moderna del Camino de Santiago. A partir de aquí, el boca a boca, hizo el resto: a partir de los años 80, la Ruta volvió a llenarse de peregrinos… hasta que en el año 1993, Año Santo, la ruta recuperó todo su esplendor.

Por qué el color amarillo

Que el padre Valiña optará por el amarillo como color de la señalización del Camino de Santiago se debió a tres razones principales. La primera, porque tiene buena visibilidad. La segunda, porque en el país galo, de donde proceden un gran número de peregrinos, no había entre los colores con los que se señalizaban las rutas de senderismo el amarillo. Y la tercera, porque para la primera partida Valiña utilizó botes de pintura que se empleaban para marcar las carreteras y que eran de este color.

Para el anecdotario del Camino queda la célebre anécdota ocurrida entre el párroco y la benemérita en la frontera franco española. Tras pararle la Guardia Civil, mientras, bote en mano, pintaba sus famosas flechas, los agentes le preguntaron porqué estaba haciendo eso. El padre, ni corto ni perezoso, les respondió “preparando una invasión desde Francia”. ¿El resultado? El padre Valiña acabó en el cuartelillo, donde tuvo que dar mil explicaciones.

Su sobrino José Valiña, quien regenta en la actualidad una tienda ubicada frente al templo de Santa María la Real de O Cebreiro, recuerda con emoción otra de esas casualidades vinculadas al Camino; en el momento de su muerte, Valiña se encontraba realizando una completa cartografía de la ruta jacobea. Tras fallecer, retomaron el proyecto su sobrino y la escritora e historiadora londinense Laurie Dennett, enamorada de O Cebreiro y afincada en el lugar. Tras llegar a Navarra por este proyecto, pincharon una rueda en un lugar donde hace tiempo había tenido otro percance automovilístico su tío Elías. “Un hombre se nos acercó y nos dijo que la última persona que había tenido un incidente en el lugar era un cura loco”, aclara con ojos conmovidos.

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