COMARCA: Un paseo por la comarca de las Cinco Villas

Tauste, Sádaba, Uncastillo, Ejea de los Caballeros y Sos del Rey Católico. Un quinteto de topónimos para una comarca conocida, históricamente, como Las Cinco Villas. Enmarcada entre el río Gállego, por el norte, y las Bárdenas Reales navarras, por el sur. Fueron cinco…pero hoy ya son algunos más. Biota, Farasdués, Erla, Luna, Luesia, Castiliscar y media docena de pueblos de colonización más, todos ellos surgidos en el entorno de las más de 70.000 hectáreas de regadíos irrigados por el Canal de las Bárdenas con aguas del embalse de Yesa.

Los romanos cultivaron aquí gran parte del grano que se consumió en Hispania; los hombres del medievo levantaron, aquí, bellos y delicados templos románicos; el rey aragonés Alfonso I el Batallador convoca cortes en Ejea de los Caballeros y concede fueros…No son pocas las veces en las que la Historia se pasó por estas tierras.

Ya que se ha nombrado Ejea de los Caballeros, población visitada cada primavera por cientos de cigüeñas, bien podría comenzarse la ruta por la comarca dando un paseo por las calles de Mediavilla o Herrerías, los barrios del Cuco y la Corona…No dejen de observarse los palacios renacentistas, antes de seguir viaje hacia Luesia, cargada de románico en forma de iglesias y ermitas; Biel, de esplendido conjunto monumental; o la histórica Luna, en la que, a los templos, hay que añadir tres palacios góticos y renacentistas y el santuario de Monlora, mirador de excepcionales vistas.

La carretera, estrecha y solitaria, sigue adelante. Esperan al viajero Castiliscar, conjunto de castillo e iglesia con excepcionales tallas románicas; Layana, con apreciables restos de acueducto y termas; Sádaba donde el viajero admirará por igual su perfecto castillo y las deliciosas tortas de manteca; y, antes de regresar a Uncastillo, Tauste, y la delicada torre octogonal de Santa María.

Pero no todo es Aragón dentro de las Cinco Villas. La comarca zaragozana rodea el pequeño enclave navarro de Petilla de Aragón, una isla en tierras aragonesas protegida por montañas solitarias y poco visitadas, que encierra en su centro la villa del mismo nombre: Petilla. Esta tierra alta (842 metros sobre el nivel del mar), heladora en invierno, ardiente en verano y casi despoblada todo el año (52 habitantes), ha pasado a la Historia por tratarse de la cuna del médico, y premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal, navarro de cuna, pero aragonés de adopción.

El valle de Petilla está regado por las aguas del río Vado y presenta un claro contraste entre las laderas norteñas, arboladas y agrestes, y las lomas sureñas, roturadas y suaves, donde se encuentran las máximas alturas: Selva, Cruz y Rincón de La Iglesia. Para recorrer este paraje, no sería mala opción cubrir un sendero que sale del kilómetro 7 de la carretera que une Navardún con el pueblo de Petilla y acaba en el puerto del Castillón. El camino –en realidad, una pista de 3,6 kilómetros– sigue el barranco de La Val y es de fácil/media ejecución en un tiempo de unas 4 horas.

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