Curiosidades del Botafumeiro

 

Curiosidades del Botafumeiro

¿Te apetece saber un poco sobre la historia del Botafumeiro, ese gran incensario que cuelga del techo de la Catedral de Santiago de Compostela? Pues, lo primero que hay que decir es que el actual no es el único que ha existido. Antes, en concreto entre el año 1554 y el 1809, hubo otro. Ofrenda del Rey Luis XI de Francia al apóstol Santiago, curiosamente desapareció durante la Invasión francesa. Y es que, como es bien sabido, las tropas napoleónicas saquearon buena parte de España, y entre los objetos que se llevaron se encontró el Botafumeiro original. ¿El destino de aquel primer Botafumeiro? La fundición, para hacer con la plata del mismo monedas de la República Francesa.

Nuevo botafumeiro… y nada de “para los malos olores”

Algunos años después (según la documentación que se conserva en torno a 1851), un orfebre llamado Losada, regaló a la basílica un nuevo botafumeiro, pero esta vez de latón plateado -no se sabe si por falta de dinero o para evitar nuevos robos- Este nuevo botafumeiro es el más grande del mundo (66 centímetros de diámetro por 50 kilos de peso). Además, existe una réplica en plata del botafumeiro, regalada por la Hermandad de Alféreces Provisionales en el año 1971.

Y ¿qué tal si acabamos con una leyenda urbana? Seguro que lo has leído más de una vez, se transmite boca a boca y lo aseguran folletos y webs, los guías y periodistas lo repiten -y, claro, el turista regresa a casa con una idea errónea-. Y es que por todas partes se dice: el botafumeiro comenzó a utilizarse para mitigar el mal olor de los peregrinos que dormían en el triforio de la Catedral de Santiago. Sin embargo, y según las últimas investigaciones,el gran incensario no funcionaba en base a la cantidad de gente que acudía, sino que formaba parte de la liturgia y se usaba hubiera o no gente. Eso sí, para disimular los malos olores, en el interior de la catedral había braserillos para quemar incienso con algunos aromas.

¿Se ha caído alguna vez?

Sí, el botafumeiro se ha caído alguna vez. Hasta tres veces se dice que el gigantesco incensario, que cuelga del techo de la Catedral de Santiago, se soltó de la gran cadena que lo sujeta (la primera vez que sucedió esto fue en el siglo XV, mientras visitaba el templo un rey europeo). Eso sí, sin causar víctimas mortales.

Ver el botafumeiro en funcionamiento es todo un espectáculo. El humo y el olor a incienso se esparcen por la catedral compostelana con el poder de los rituales milenarios. A partir del momento en que el tiraboleiro mayor -la persona que impulsa y marca el ritmodel artefacto- da el tirón inicial al botafumeiro, la mirada queda irremediablemente prendida del movimiento rítmico del recipiente. Ah, en gallego, la palabra botafumeiro se podría traducir literalmente como el echa humos.

Este ritual, que cuenta ya con 800 años de tradición, puede presenciarse doce veces al año de manera fija. Estas ocasiones coinciden con fechas marcadas de forma especial en el calendario como por ejemplo el 6 de enero, el Domingo de Resurrección, el 25 de julio (festividad de Santiago Apóstol), el 1 de noviembre o el día de Navidad entre otros.