Fabrica de Órganos….en la patria de Torquemada

Fabrica de Órganos….en la patria de Torquemada

Federico Acítores comienza a interesarse por el órgano en su época de estudiante en el seminario de Valladolid. Allí aprende a tocar el instrumento…pero también allí siente la necesidad de conocer, de descubrir que se escondía tras aquella inmensa maquinaria de madera y tubos de metal. Decide que tiene que descubrirlo y, después de oír hablar de Gabriel Blancafort, organero catalán, decide trasladarse a Collbató, un pequeño pueblecito de la provincia de Barcelona situado a los pies de la montaña de Montserrat. En este lugar, durante cinco años, Acítores se contagia de la pasión por el órgano, a la vez que va internándose en los entresijos de su funcionamiento.

Con los años, y los conocimientos adquiridos, Federico adquiere un modesto local en Torquemada (Palencia), a donde enseguida comienzan a llegarle encargos de iglesias y monasterios. En la mayoría de los casos, se trataba de restaurar viejas joyas, instrumentos anquilosados por el desuso y la expoliación. Era el año 1983 y el Taller de Organería Federico Acítores S.L comienza a andar con un capital de 85.000 pesetas. En un primer momento, tan sólo Federico y su mujer, Ana María de la Cruz, trabajan allí. Luego se irán incorporando, como socios de la empresa, Alfonso de la Cruz y, algo más tarde, Pascal Teubell.

Poco a poco, la cartera de pedidos va aumentando, lo que acaba por hacer perentoria la necesidad de buscar nuevas y más amplias instalaciones. Y es que, sobretodo en el mundo de los melómanos, Torquemada ya empieza a ser localidad conocida no sólo por ser cuna del inquisidor y solaz de sabrosos pimientos, sino también por un taller artesanal en el que se taladran maderas y se afinan tubos armónicos

Finalmente, la empresa decide trasladarse con la música a otra parte…encontrando perfecto acomodo en una nave industrial de 1.000 metros cuadrados ubicada en el polígono de Torquemada. Las nuevas instalaciones, expresamente levantadas para la función que iban a cumplir, disponen de la maquinaria necesaria para el moderno tratamiento de la carpintería de madera y metal –“aquí se combina la tradición del oficio con lo más moderno”-.

Participante, como ponente, en diversos congresos sobre organería, y colaborador habitual de publicaciones especializadas, Federico enfoca su labor hacia la dirección del equipo que trabaja en el taller –“además, realizo labores específicas de proyecto, diseño y cálculo. También armonizo los órganos que construimos y restauramos”-.

Caminando por las modernas instalaciones de la factoría, el visitante va descubriendo los distintos espacios en los que desempeñan su labor los empleados del taller. En concreto, la factoría está dividida en salas específicamente destinadas y equipadas para la realización del oficio: carpintería mecánica, ebanistería, almacén de maderas, cabina de barnizado, taller de herrería, tubería, sala de armonización, oficinas y sala de montaje. En total, catorce trabajadores.

Dificultades de formación

Prácticamente autodidacta, Federico Acítores, que lamenta que el oficio carezca del respaldo de las instituciones a la hora de poner en marcha ciclos formativos o estudios especializados que ayuden a mantenerlo de cara al mañana –“la situación ahora puede ser favorable, pero hay que pensar en el futuro. En Francia o Alemania existe una rama de Formación Profesional específica donde los alumnos realizan prácticas y aprenden con un maestro a fabricar y restaurar viejos instrumentos. Pero no es de extrañar que esto suceda en esta zona de Europa, ya que la mayor concentración de órganos del mundo está en Alsacia, donde la cultura musical se vive de forma muy diferente a España”, explica el constructor.

A pesar de las dificultades que imprime ser prácticamente autodidacta, el trabajo no falta. Templos religiosos, conservatorios de música y particulares siguen demandando órganos ibéricos al taller Acítores –“el órgano más grande que hemos construido ha sido el del santuario de Gemma en Barcelona, con tres teclados, 3.000 tubos, nueves metros de altura, 12.000 kilos de peso y cerca de medio millón de euros de presupuesto”, detalla Acítores.