Palencia, la ciudad de origen desconocido

Poco o nada se sabe del origen de la castellana villa de Palencia. Según la leyenda, fue el rey vacceo Palastuo, hijo de Rómulo, quien puso su primera piedra. Para otros, fueron los griegos quienes la fundaron, eligiendo el nombre de la diosa Pallas -se cree que el significado de la palabra Palencia sería campos del río-. Consultada la historia, esta apunta hacia los primeros- los vacceos, no su mitológico rey-, considerado el más culto y adelantado de entre los pueblos celtíberos, como los primeros moradores del solar palentino. Allí estuvieron hasta que, en el año 70 d.C, Pompeyo, alcanzó la victoria que puso fin a las guerras celtibéricas. Claro, que no lo tuvieron fácil las legiones para obtener el triunfo. La ciudad sufrió dos asedios en represalia por la ayuda prestada a Numancia; rendida ésta, Palencia corrió al final la misma suerte. En el subsuelo de Palencia se han encontrado numerosos vestigios de la época romana, mosaicos, estelas, objetos de cerámica, etc.

Saliendo del parque, y hacia la izquierda, recorrer la emblemática Calle Mayor es un placer; en ella se encuentran la mayoría de las edificaciones civiles de interés y es el centro de la actividad comercial.

Situado en el número 19 de esta calle está el Palacio Barroco, ejemplo de arquitectura nobilliar del siglo XVIII. También junto a esta calle se encuentra la Plaza Mayor construida en el siglo XVII. Es el punto de partida para pasear con sosiego y recorrer la calle Mayor, la de Burgos, San Bernardo, Don Sancho, las callejuelas estrechas del barrio de La Puebla o la del General Mola, que fuera calle Mayor Antigua. Es un itinerario con múltiples ramificaciones que nos conduce a través de un patrimonio monumental que, si bien no cuenta con la amplitud o la espectacularidad del de otras ciudades castellanas, sí presenta ejemplos de más que notable importancia. Y, sobre todo, es un recorrido que nos da la idea de una ciudad hecha a la medida del hombre.

Junto a la plaza, el convento de San Francisco, fundado por franciscanos en el siglo XIII. Desde un cruce conocido como los Cuatro Cantones, se contempla la iglesia de Nuestra Señora de la Calle o de la Compañía. a un suceso milagroso se atribuye el origen de la Virgen de la Calle, La Morenilla, patrona de Palencia, que se venera en la iglesia de La Compañía. La leyenda dice que un panadero arrojó a la calle un tronco que se resistía a arder en el horno. Ese tronco, chamuscado, se convirtió en la talla de ingenua factura que representa a la Virgen con el Niño. Es una de las tantas historias cuyos ecos resuenan en las calles palentinas, aguardando a quien las descubra para, con ellas, descubrir, prolongándose desde el pasado hasta el presente, el sosegado encanto de la ciudad.

Siguiendo la Calle Mayor hasta el final se llega al parque del Salón que cuenta con un amplio paseo, un auditorio, circuito de bicicletas, pista de patinaje, fuentes, esculturas… Y frente a él se ve la Huerta de Guadián, donde está situada una joya románica: la iglesia de San Juan Bautista con su magnífica portada de arco apuntado.

Un agradable paseo es el que puede darse por la orilla del río, hasta llegar a una calle que conduce a la Catedral -la torre es sencillamente espectacular-. Dos visitas cercanas son los museos arqueológico y provincial.

Palencia, como muchas otras ciudades, tiene su propia seña de identidad, un elemento que la identifica…y el viajero no dejará de advertir, aún desde la lejanía. Es el que llaman Cristo del Otero, obra de Victorio Macho. Levantada sobre un cerro, sus treinta metros de altura lo hacen desde la lejanía. Una vez visitada la ciudad, se aconseja subir hasta allí. La panorámica es de foto.

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