Un hayedo crecido en un volcán

Un hayedo crecido en un volcán

 La Fageda(hayedo) d´en Jordátiene un primer elemento curioso en su propia ubicación: crece en el fondo delvolcán Croscat (Olot –Gerona-). Uno de los veintiséis espacios protegidos del parque natural, La Fagedase alza, directamente, sobre la colada de lava del Croscat, el mayor volcán de la Península Ibérica, con160 metros de altura. Es también, según parece, el más joven, al haber entrado en erupción hace tan sólo 11.000 años. Al hacerlo, la lava se derramó sobre unas antiguas marismas…cuyas aguas, evidentemente, se evaporaron, dejando para la posteridad el peculiar aspecto ondulado que hoy presenta el lugar… y que hace que la orografía del paraje semeje ser un sembrado de pompas (en realidad, este espacio natural presentaun cierto parecido con la superficie de un pequeño mar. Estás ondulaciones, que pueden alcanzar hasta los veinte metros de altura, son conocidas entre los lugareños por el nombre de tossols.

El Croscat sería uno de los treinta volcanesque erizan el territorio del parquenatural de la Zona Volcánica de La Garrotxa…si no fuera por el denso y mágico hayedo que crece en su interior. Y si a eso se le suma la rareza de ver un haya a tan sólo quinientos metros de altitud sobre el nivel del mar, el viajero sacará pronto la conclusión de que la visita merece la pena.Y es que no acaban ahí las peculiaridades: una pequeña iglesia se alza en el borde mismo del cráter. Esto se debe a que, en la antigüedad, existía la creencia de que el demonio vivía dentro de los volcanes, por lo que levantar un templo en su interior estaba considerado como una suerte de exorcismo… Y debía ser creencia bastante extendida, pues no es la única iglesia que se erigió en un paraje similar. Sin ir más lejos, en el cercano cono volcánico de Santa Margarida hay una pequeña ermita…justo en el centro de su caldera.

Los vecinos de la Garrotxa comprendieron pronto que no tenían más remedio que aprender a vivir con la naturaleza que les rodeaba. Para recordarlo no tenían más que arañar un poco la capa de vegetación sobre la que pisaban…y pisan. Bajo sus pies, tonos rojizos y oscuros les hablan de aquel pasado. No pudiendo domesticarla, trataron de sacar provecho de ella…y lo consiguieron. Desde cocinar con el calor procedente del subsuelo hasta construir con rocas volcánicas. Por ejemplo, al mismo pie del Croscat, el pueblecito medieval de Santa Pau tiene por solar el sustrato de ceniza y lava que, en su última erupción, escupió el volcán.

A escasos kilómetros de allí, siguiendo el curso del río Fluvià, el pueblo de San Joan Les Fonts tiene un recoleto puente tendido con piedras volcánicas. Por no hablar de Castefollit de la Roca, levantado, a sesenta metros del suelo, sobre un roquedo volcánico.

SENDERO

Recorrido circular por la Fageda d’en Jordà y los volcanes de Santa Margarida y Croscat

 Este itinerario es circular y está concebido para visitar los tres de los lugares más conocidos y atractivos del Parque Natural. Si se sale del Área de Can Serra dirección sur, cruzamos inmediatamente la carretera y bajamos unas escaleras que llevan a la Fageda d’en Jordà. Justo antes, a mano derecha, está el monolito erigido en memoria del poeta Joan Maragall.

Al salir del hayedo, el camino se encarama hacia el Coll de Can Batlle y Sant Miquel Sacot, donde hay una iglesia de planta románica del siglo XI. Desde allí, desciendo por dos parajes llamados el Pla del Sacot y el Collet de Bassols, el caminante llega a la ladera suroeste del volcán de Santa Margarida, en cuya área de recreo se encuentra la única fuente de todo el recorrido.

Primero entre robles y encinas, y más tarde, marchando entre matorral y monte bajo, el caminante rodea el cono del volcán Croscat.En su ladera norte, en el lugar en el que antaño estaba el vertedero de unja vieja mina, el suelo se tiñe de tierra rojiza. El espacio ha sido rehabilitado y tan sólo el profundo tajo, que secciona la chimenea del volcán, recuerda que aquello fue una mina. Tras bordear el antiguo vertedero, hoy sellado, el camino baja suavemente hasta el aparcamiento de Can Serra.

Hay que calcular, aproximadamente, cuatro horas y media para completar los 10 kilómetros del recorrido